Mis dos primeros años como Au Pair


Roadtrip por la costa oeste de USA


Cuando me fui la primera vez como au pair todos me preguntaban si no me daba miedo. Yo, muy segura, respondía que no. Sentía que era una experiencia que iba a marcar mi vida y así fue. Cada vez que arranco para algún viaje nuevo me hacen la misma pregunta y sigo diciendo que no tengo miedo. Eso es porque sé todo lo que el viajar me dio y como forjo muchos aspectos de mi personalidad que me hacen sentir realizada.


Partido de football americano en Alabama


El primer año en Alabama como au pair fue pura Aventura. Me hice de un grupo de amigas inseparables, viaje mucho y viví con una familia que me incluyó como un miembro más desde el primer día. Pero es como la vida misma: en un año seguramente vas a llorar, seguramente te vas a enfermar y probablemente tengas que aprender muchas cosas que te generen un poco de ansiedad.


En mi segundo año, antes de mudarme a Seattle (y estas son dos semanas que siempre me olvido de aclarar que viví) me fui con una familia a un suburbio a 20 minutos de Filadelfia. No hubo química para nada con esa familia y fue tan evidente que llegué un jueves y pedí el rematch el domingo. Con todo que ya había pasado por el proceso de hacer entrevistas con familias para mi primer año, terminé en un lugar en el que no me sentía cómoda. Pero en lugar de dejar que eso arruine mi segundo año, lo enfrenté y en esas dos semanas conseguí una familia que vivía en plena ciudad en Seattle y que resultó ser un match perfecto.


4th of July en Seattle con otras aupairs


Ese tiempo en Seattle al principio fue un poco solitario. Si bien había muchísimas au pairs en mi área y yo tenía muchos grupos diferentes con los cuales hacer actividades, me faltaba encontrar mi grupo de gente. Con los meses ese grupo llego y se convirtió en una de las cosas que más agradezco aun hoy. Yo siempre era la que mandaba el primer email o mensaje para hacer sociales y así fue como encontré a Estefa (igual la historia de cómo nos conocimos es mucho más extensa), a Félix, a Marina y a Lu. Con Estefa y Félix desarrollamos una relación mucho más cercana porque teníamos mucho en común y nos resultaba muy natural pasar tiempo juntos. Hicimos road trips increíbles y vivimos momentos más que memorables.


Hoy en día son esas dos personas a las cuales recurro primero para todo. Si bien Félix sigue en Seattle ahora estudiando, hablo con él cada día de mi vida. Tuve la oportunidad de visitarlo este año y fue como si nunca me hubiese ido. Con Estefa nos reencontramos cuando ella volvió a Buenos Aires unos meses después que yo llegué y nuestro lazo se hizo muy fuerte: pasábamos la mayor parte del tiempo juntas, trabajábamos juntas y volvimos a viajar juntas cuando decidimos irnos a vivir a Brasil un tiempo.


Y ahí está: todas esas pequeñas decisiones me llevaron a vivir momentos increíbles durante el viaje pero me dejaron también más que eso y para toda la vida. Si, en esos dos años, reitero, hubo momentos de tristeza, enojos, miedo y peleas. Pero valió demasiado la pena. Para mi los momentos “malos” quedan como algo lejano y me acuerdo del resultado bueno que me dieron.

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