Mi viaje como Au Pair a Alemania

Actualizado: jun 4




Soy Agustín, y tenía 16 años, un solo sueño y muchos miedos. Sin embargo me animé, y

buscando en internet casi por casualidad conocí Au Pair Adventure y entonces mi sueño

tomó su rumbo. La asesoría de la empresa fue mucho más de lo que esperé; cada miedo y

cada incertidumbre estuvo encasillada en una respuesta segura que me dio confianza y me

trajo hasta Alemania.


Mis ansias no me dejaron esperar y con 16 años me inscribí en el programa de intercambio

que significará siempre mi mejor elección. Desde entonces y hasta el momento de partida

transcurrieron mil emociones, cada una entendida por la empresa y aconsejada de la mejor

manera. La espera fue larga porque apliqué 2 años antes de cumplir los 18 años de edad que tenés que tener para poder hacer el programa. En el ínterin hicimos los documentos,

completamos formularios y practiqué alemán.


Desde el momento en que felizmente entregué todos mis formularios me dispuse a esperar

ansiosamente a mi familia. Asumí que la espera iba a ser larga pero no lo fue. Después de un

par de semanas un email me los presentaba como “posible familia”. Concretamos el primer

Skype y la química fue fabulosa.


Desde entonces nos mantuvimos en contacto para conocernos un poquito más y ya sentirnos más cerca. Juntos y paso a paso organizamos las cuestiones logísticas, hasta compramos los vuelos después de días de ver opciones convenientes. Desde

que tuvimos la fecha clara y confirmada ya no podíamos esperar más. Abundaban las fotos que nos mandábamos, los audios, los videos, ya queríamos fundirnos en una sola familia.


Como futuro Au Pair quise tener todo bajo control y encontrar respuestas a todos mis miedos y a todas mis ganas; gracias a la increíble asesoría de la compañía encontré todo lo que buscaba y terminé convirtiendo a su gente en mis amigos, quienes me entendieron y de la mano, me dejaron en el aeropuerto rumbo a la tierra de mis sueños.


El día llegó, los mensajitos por WhatsApp viajaban a Alemania y volvían. Ansiosos, nos

contábamos todo, nos seguíamos el minuto a minuto hasta que les dije: “Jetzt werde ich

starten, wir sehen uns morgen” (Ahora despego, nos vemos mañana). Después de un largo y

lindo viaje, un tren en algún lugar frenó y sabía que al bajarme iban a estar ahí.


Ver esa familia, ver esas sonrisitas, esas manitos chiquititas que tenían un cartel enorme con mi nombre pintado con crayones de colores, ver todo eso en un instante efímero me regaló alegría, motivación, me dio el impulso para correr a ellos y abrazarlos intuitivamente. En ese momento sentí que estaba llegando a donde quería estar.

Los días pasan. Las primeras semanas, llorar a la noche, querer volver a casa, no saber si eso es lo que querías y todas las etapas del proceso, todas son fabulosas. La experiencia es increíble y volvería a vivirla mil veces más.


La experiencia Au Pair es muy personal y cada uno la vive con el toque de sentimientos que les pertenecen. Personalmente me llena cada día, descubrí otro mundo dentro de este mundo, me descubro a mi mismo cada día. Estoy seguro de ser quien

soy y de haber elegido bien.


Juntos viajamos, charlamos, cantamos, bailamos. Aprendemos a ser creativos, a tener un

jardín de ideas en la cabeza para pasar los días divirtiéndonos. Nos despertamos unos a otros a la mañana con máxima creatividad, aprendemos a compartir, a entender diferencias, a creer que un mundo unido no esta tan lejos de nuestras manos.


Eso es para mi una experiencia Au Pair: llenarnos el alma, descubrirnos a nosotros mismos y entender el mundo.

Es una experiencia de tal calibre que necesita de un acompañamiento previo único, que nos

prepare para enfrentar en condiciones lo que estamos a punto de vivir, y nos de la seguridad

de que pase lo que pase, contamos con una mano amiga que está esperando que le contemos como nos sentimos para seguirnos ayudando hasta el final. Au Pair Adventure a mí, personalmente, me dio esa seguridad desde el minuto 1 hasta hoy.


Mi experiencia en Alemania fue increíble, la familia se me metió tanto en la piel que a mis

anfitriones les digo papá y mamá, a los padres de ellos les digo abuelos y los niños son mis

hermanitos. Reímos, lloramos y nos abrazamos como una familia. No podía haber tenido mejor suerte.


El objetivo de este viaje no era solo tener una experiencia laboral y humana que me diera

herramientas para mi futuro sino también encontrar la posibilidad y estudiar suficiente alemán que me permitiera entrar a la universidad, tarea que no fue sencilla. Tuve la ayuda de mi familia alemana por todos los medios y el asesoramiento de la agencia en Argentina pero

lamentablemente después de mucho esfuerzo descubrimos que era mejor volver a Argentina, así que terminado mi año tuve que volver a casa con mucha tristeza por un lado, ya que Alemania había pasado a ser mi hogar y por el otro mucha alegría para reencontrarme con mis seres queridos.


Me inscribí en la universidad en Córdoba y comencé mi carrera universitaria. Dos años después de esta maravillosa experiencia y por supuesto manteniendo contacto regular con mi otra familia, me invitaron a pasar las fiestas con ellos y me compraron el pasaje como regalo anticipado de Navidad.





Fue una enorme sorpresa, me compraron un pasaje que salía desde Buenos Aires vía Toronto.


Hacer la visa canadiense también fue toda una odisea pero terminó siendo una linda

experiencia porque en Toronto y tan solo por un par de horas fui acompañado por Maru, una chica Au Pair que hace ya 3 años y medio que está en Canadá. Su novio me llevó a desayunar y luego nosotros, cuando ella se desocupó de sus tareas de Au Pair me llevó a pasear por la ciudad y en la tarde me dejó en el aeropuerto.


Las emociones no paraban y al día siguiente el reencuentro, los recuerdos y una Navidad más juntos.

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