La primera experiencia de Ceci en Francia

Actualizado: may 16

Más conocida como la Asesora General de AuPair Adventure, Ceci comparte una de las tantísimas historias de sus aventuras con nosotros.


Luego de la hermosa experiencia en San Diego hablé con mis padres para volver a viajar, esta vez a Francia. Ya había volado varias veces sola, hablaba inglés muy bien y algo de francés, así que el viaje no me intimidaba como la primera vez. Por ese entonces mi papá tenía un amigo que trabajaba en American Airlines que consiguió cambiarme de asiento Turista a Business. Imagínenese, tan chiquita y viajando en Business, me sentía una reina.


Llegué a París, me tomé un taxi y le dije: “A Monteparnasse s’il vous plait!” En Paris hay varias estaciones de tren, esta es una de ellas, y la que me llevaria a Anges, una linda ciudad al suroeste de Paris ¡Hasta ahí era muy fácil! En esa época las familias no te iban a buscar a Paris, asi que me las tuve que ingeniar para ir solita. Me tomé el taxi porque tenía 2 valijas de 40 kg cada una, un bolso de 30 kg, otro bolso de unos 20 kg y la cartera. Por supuesto, las valijas no tenian 4 rueditas como las de ahora y todo lo tenía que cargar. Además de venir de punta en blanco y con botas de taco alto porque era importante mostrarse. En esa época las compañías aéreas permitían llevar 2 valijas de 30 kg c/u y el resto se podia negociar.


 Angers, Francia

Ya en Monteparnasse, bajé del taxi en dirección al tren, arrastrando conmigo mas de 130 kg de equipaje. Me acerque a la boletería y pedí: “Un ticket pour Anger s’il vous plait!”. Subir al tren llevó mucha paciencia y miradas asombradas de la gente que no podía entender porqué una persona podía necesitar tantas vaijas. La familia debía estar esperándome en la estación, pero por alguna razón que no recuerdo no estaban. Recuerden que esta experiencia ocurrió en la edad de piedra tecnológica, asi que no habían celulares, ni email, ni google maps y no tenían forma de avisarme qué había pasado. Esperé un buen tiempo pero cuando todo el mundo se fue y me quedé solita me tomé otro taxi. Era necesario porque no tenía un mapa de la ciudad y no sabía ni dónde estaba el norte, y por otro lado ni el increíble Hulk hubiese podido caminar mas de unos metros con la cantidad de valjas y bolsos que llevaba.

Finalmente, llego a la casa de la familia, me atiende el hijo mayor y se disculpó por sus padres que no habían podido llegar a buscarme. Me mostró mi habitación y me dijo que despues me presentaría a la otra chica de intercambio que vivía con ellos que era de Suecia, dormía en el cuarto contiguo y con la cual compartíamos baño. Así comenzó esta nueva aventura. Con esta familia nunca hubo química y no me hacían participaban en nada. Volví a usar la técnica que me había funcionado anteriormente: respetar las reglas de la casa y luego hacía mis cosas. Viajar y vivir con una familia en otro país era la experiencia que buscaba y sabía que siempre existe la posibilidad de no tener química con la familia, así que tuve que adaptarme a la situación. Si me decían que no me podía duchar luego de las 11 pm entonces volvía corriendo del gimnasio a las 10:45 pm para ducharme antes de ir a dormir.

Luego cambié con otra familia divina. Hasta mi papá y mi tía vinieron a visitarme y a pesar de que ellos no hablaban el idioma, la familia hizo lo posible para hacerlos sentir en casa. Por supuesto yo hice toda la traducción. Compartí muchas cosas con ellos y tengo recuerdos muy lindos. Hoy en día todavía mantengo contacto con la hija mayor por Facebook. A medida que pasaba el tiempo fui haciéndome de nuevos amigos: Mayra y Chuy (México); Juanma, Irene y Pilar (España); Fred, Steph, Anne y Cecilie (Francia); Megan (USA); Lothar, Camille, Katty (Suecia); William (Indonesia) y otros. Con algunos he perdido contacto pero con Anne, Chuy, Megan, Juanma y Katty todavia tengo muy buen contacto y nos vemos cada tanto.


Angers, Francia

Es increíble como un lugar que me parecía tan lejano en las cartas de Luca, mi amigo italiano, ahora parecía tan cercano. En las primeras vacaciones que tuve (Semana Santa) fui a visitar a mi querido Luca. Milán era tal como la describía en sus cartas así que me parecía que ya había estado antes. Me quedé en su casa y conocí a sus padres. Mariza, la mamá, no hablaba ni inglés, ni español y apenas un poquito de francés, pero a fuerza de intentar comunicarnos estaba hablando con ella en italiano en una semana. Estaba totalmente entregada a ver el mundo, probar nuevas cosas, conocer nuevas personas, visitar lugares increíbles, aprender nuevas culturas y me estaba enamorando. Ah, por supuesto me parece que esto no tiene que faltar. Me enamoré por primera vez en Angers, una ciudad de ensueños y con un castillo como en las películas. Y el beso más maravilloso que tuve, ese donde sentís mariposas en el estómago y levantás el pie, ese beso me lo dieron a los pies de la puerta de entrada del castillo de Angers, en un mirador que daba hacia el rio Loire, frente las luces de la maravillosa ciudad moderna, y bajo la luna llena.

Lo que vengo contando hasta ahora muestra que todo fue fantástico y maravilloso. No siempre todo es lindo tal y como lo estoy contando, la memoria y la nostalgia suelen jugar trucos con los recuerdos. La realidad es que también hubieron momentos duros, tristes y desagradables, pero que también contribuyen a hacernos aprender. Todo depende de la actitud que cada una le ponga y de los ojos con que vean las cosas ¿Las familias nos ponen reglas? Si, claro que si, porque es su casa y debemos hacer lo que ellos dicen. Aún cuando nosotras seamos mayores de edad hay que respetar sus reglas y adaptarse. Si ellos me decían que no vuelva después de las 11 pm tenía que aceptarlo o negociar pero nunca podía enfrentar a los padres. Parte de la experiencia es tratar de lidiar de la mejor manera con los problemas y eliminar obstáculos en esta nueva aventura.


Ile de Re, Francia

Hay que seguir reglas, cumplir horarios, estudiar, respetar reglas de tránsito en caso de que tengan autos. Son muchas cosas pero es parte del programa aprender a resolver todas las trabas que se te presentan. Es muy fácil decir “me vuelvo”, pero más difícil, y mucho mas valioso, es quedarse y adaptarse. Volviendo a mi historia, me enamoré y obviamente no quería dejar Francia. A pesar de que había tenido un año hermoso, encuentros, nuevas amistades y que conocí increíbles (y aprendí a hablar francés, claro), también tuve que dejar lágrimas en Francia.

Es cierto que se extraña. Todos somos muy distintos y cada uno lo procesa de distinta manera. A pesar de que en ese momento no existía la tecnología que hoy hay disponible igual hablaba 2 o 3 veces por semana con mis papas. Con eso me alcanzaba. Además estaba bien porque sabía que un año se pasaría rápido y estaba haciendo algo que yo quería. Hay chicas que extrañan un montón. Los primeros meses pueden ser difíciles pero lo importante es tener un buen asesor que los vaya guiando, sobre todo en esos primeros meses. Yo lo que les aconsejo siempre a mis Au Pairs es tener paciencia. Anotarse lo más pronto posible en un curso de idioma, en un gimnasio o en alguna otra actividad para generar pronto nuevas amistades y adaptarse más rápidamente. Conocer gente que esta transitando por la misma experiencia ayuda mucho.


Alpe d'Huez, Francia

El año completo en Francia finalizó y tuve que volver a casa. Francamente no quería volverme y no quería aceptar que el tiempo habia pasado. Querría haber tenido una maquina del tiempo para volver a ese primer beso a los pies del Castillo pero era imposible. Ya en casa todo me parecía extraño. Mamá me hablaba y yo respondía en francés, me sentia perdida como si mi casa de la niñez no fuese mi lugar en el mundo. Tuve que re-adaptarme a las costumbres de mi familia y volver a perder cierta libertad a la que me había acostumbrado. Rápidamente me puse a la busqueda de otro intercambio cultural.

He oido muchas historias de Au Pairs y un tema común es que nadie comenta la realidad del programa antes de viajar. Yo creo que la realidad la eligen Uds., porque el éxito del programa depende 100% de cada uno de nosotros, de las ganas que cada uno le pone, el optimismo, y los ojos con que lo ven. No hay dos experiencias exactamente iguales porque no hay dos personas exactament iguales. No hay familias malas o buenas, todo depende de la química que exista entre ambas partes y de la voluntad que cada Au Pair tenga para lograr su objetivo: aprender un idioma, conocer otra cultura, viajar…

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